Hola a todos!
Os escribo ahora desde la estación de trenes en Zaragoza (España). Perdonad por no haberos podido actualizar más temprano, es que mi llegada a la Península ha sido un poco al relámpago. Hoy empiezo mi quinto día en el territorio español y os comento: lo estoy pasando G-E-N-I-A-L! Llegué en Barajas, el aeropuerto de Madrid, el día 9 (el sábado pasado) a las 11 de la noche (hora madrileña) después de más de 18 horas de viaje. Mi viaje empezó, como os dije en la entrada anterior, con una tardanza de 3 horas y media—la cual me causó casi perder mi conexión a Madrid y causó que mi maleta no alcanzó llegar en Madrid conmigo. Al aterrizar en Barajas yo sentí una sensación de nostalgia, emoción y una hundida de memorias de la última vez que aterricé en el mismo aeropuerto—ya hace un poco menos de cuatro años. Seguí las señales hacia la inmigración, en camino ayudándole a una pareja americana con caras de perdidos totales, y pasé en 30 segundos—el hombre notó mi apellido y me preguntó si provenía de raíces españolas (“Es Vd. estudiante? Y español?”) al decirle que sí, me estampó el pasaporte y me deseó un buen viaje.
Al llegar en la recogida de equipaje me di cuenta de la perdición de mi maleta y comuniqué directamente con la atención al cliente de Iberia—a quienes les di el número de móvil de Álvaro ya que no había notado la dirección del padre de él. Así empezó mis cinco primeros días en España sin maleta—ya que tropecé inmediatamente con la burocracia europea: al conectarme con los agentes de British para decirles la dirección del padre de Álvaro me di cuenta de que el número que me habían dado en la atención al cliente me dirigió a un Call Center en Alemania y ahí con una serie de ingleses que no sabían hablar español, un problema ya que había empezado todo el proceso en español y el agente de Iberia en Madrid había puesto todas las notas de mi cuenta en castellano—resulta que la pobre inglesa no podía entender que habían puesto “Maleta llegada en Barajas, pasillo no sé qué en espera de la dirección”. Lo cual resultó que he tenido que esperar unos cinco días sin el 99% de mi ropa—menos mal que había hecho una maleta más pequeña con mis chaquetas, un cambio de ropa y mis zapatos etcétera porque sin todo eso esta semana habría sido muy incómoda.
Después de reportar la pérdida de mi maleta (o mejor, la no llegada) salí de la sala de recogida de equipaje y encontré tanto Álvaro como su padre esperándome con toda la demás gente. Me llevaron a su casa, por cierto en el Paseo de la Castellana en Madrid, y Álvaro y yo pasamos toda la noche hablando. El próximo día, mi primero en la ciudad, Álvaro me llevó en un tour gigantesco de Madrid. Paseamos por literalmente toda la ciudad desde el Retiro en el oeste (el antiguo parque real y el actual parque municipal—reminiscente del Central Park en Nueva York) al Palacio Real en el este. Un día exhaustivo pero magnífico. La ciudad me dio la bienvenida con una temperatura muy fría (2 o 3 grados bajo cero) y una nevada tremenda (una de las peores que han visto en una década—según dijeron las noticias el próximo día)—aunque me dio gracia que la nevada peor de la década sólo acumuló unos 3 o 4 centímetros de nieve (tal vez 2 pulgadas), cómo me he climatizado al invierno minnesotano! El próximo día hicimos otro paseo por la ciudad, haciéndonos fotos en el Paseo del Prado, en frente del ayuntamiento y el edificio Metrópolis, el Oso de Madrid en la Puerta de Sol y en la calle Gran Vía.
-- Ahora estoy sentado en asiento 9A del coche 8 en el AVE 3072 con destino a Madrid y mientras miro por la ventana a mi derecha veo un cielo parcialmente nublado con algunas nubes apenas empezando a mostrar toques de rayas de luz. El paisaje está lleno de granjas pequeñas, molinos de electricidad y viñas pequeñas y es verde, está lleno de colinas y es como ningún paisaje que he visto antes. A mi derecha están sentados dos hombres de negocio españoles, hablando de sus familias y los chismes del día. No sé si les viera en la estación en Zaragoza, así que o son zaragozanos o han venido de Cataluña—ya que este AVE tiene origen en Barcelona. Mirando por las ventanas a la derecha, el sol escasamente ha empezado a salir y la salida del sol es bellísima.
-- El paisaje ha cambiado otra vez: ahora la tierra tiene un color rojo, pensad en la tierra en Sedona (Arizona), con unos árboles verdes atrofiados. No hay granjas ni muchas casas—se nota que entramos en la meseta madrileña…y esto después de 30 minutos! Este sistema de transporte es fenomenal y me pregunto qué hace el gobierno americano—o por lo menos los gobiernos individuos de los estados. Por qué no hay un corredor AVE (Alta Velocidad Estadounidense) en el oeste conectando las ciudades de Fénix y San Diego, San Diego y Los Ángeles, Los Ángeles y San Francisco? Y en el este, conectando todos los rincones de Inglaterra Nueva? En el Midwest conectándonos en Minnesota con nuestros vecinos en Madison, en Chicago? Las cosas que podríamos aprender de los españoles.